La Mudanza

No hay nada mejor que pensarte. Nunca es suficiente la imagen de tus labios en mis lagunas mentales. Quisiera que fuera eterna, que no desaparezca con el viento difícil. Solo déjame llenarte de calor cuando el frío te ataque.

Ven, siéntate junto a mi y hablemos de esto que se avecina.

¿Quién me iba a decir que esto pasaría, que volvería a ver agua en el desierto?

Nos toca vivir en lo nuevo, en lo que trae las hojas en libro del destino y en este viaje que sea preparado sin aviso.

Me comprometo a agarrarte de la mano cuando haya lodo en el piso para que no desmayes ni perezcas en el suelo en este terreno desconocido. Me hago promesa y te digo que las sonrisas no te faltarán aún en el momento exacto en qué el día traiga sus ajetreos y discusiones. Ahí, al final cuando se te calmen las orejas del rojo intenso que te da cuando enojas, estarán. No te miento, esta vez no me ofrezco para curar heridas que no me tocan, más bien te ofrezco gasas al momento que sangres. Ya mis cicatrices están selladas y no quiero que griten de nuevo. ¿Me hago claro? Quiero que me entiendas y si sigues sentado aquí haré por entendido que ganas tienes.

El único deseo de éste corazón con llave que empieza a sentir es que seamos dos y uno a la vez. Que puedas ser tú, yo pueda ser quien soy y que los dos seamos. Solo hay que vivir durante caminemos en el baraje que sea ha venido.

Bailemos, bebamos y vamos a relajarnos de la vida. Qué nos llamen locos, qué nos etiqueten como quieran si al final nadie nos da nada a cambio. Ya no importará sin nos ven como extraños. Nos haremos fuertes ante cualquier piedra que tiren sin entender. Ey, que sí el temor podrá asecharnos pero seremos dos contra uno.

Qué ahora que nos toca mudarnos tengamos el equipaje vacío para que ambos lo carguemos con fuego, el amor y las agallas que agarráremos en el camino. Esto es lo que nos llevará a nuevos patios sin techo para ver las constelaciones del área. Éste exacto lugar dónde no tengamos qué mentirle a la gente, dónde seamos cómplices y seamos verdad.

Vamos, toca irnos. Ha llegado el momento de movernos a un mejor lugar.

Toma mi mano, agárrate fuerte y toma las fotografías junto a la maleta. El boleto te lo ha regalado mis ganas de compartir la historia contigo.

— Gustavo André

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Qué en todo lo que rodea estés tú. No me interesa el bullicio del día si al final no te tendré. No me vale la pena.

Ando desesperado por volver al agua que controla mi sed, esa que sale de ti cuando te siento. Mi anhelo es volver a sentirte, volver a vivir en ti y tú en mi. No busco más.

Vuelve como quien eras, tengo tanto para ti.

Te extraño, desesperadamente.

— Gustavo André

Tiemblo

Quisiera saber que pasa en tu mente al momento que me ves y bajas la cabeza. Sí es que te preguntas qué sí también te extraño, dalo por hecho. Hacía tanto tiempo que no extrañaba una piel en tan poco tiempo. Extraño tus ojos, tus brazos anchos y más a tu espalda donde solía a tomar la siesta.

No creía que podría pegarme dos veces la desesperanza contigo, pero veo que me equivoqué y me molesto conmigo mismo por creer que sí podíamos crecer juntos.

Es inevitable no sentirte, no pensarte o no temblar al tomar el móvil para escribirte y qué gane las ganas de no hacerlo o mejor decir que no de debo.

Sí me miraras a los ojos y me preguntas que pienso, lo único que te podría decir es que no sé ni como seguir escribiéndote. Esto que me revuelve los sentimientos es extraño. No porque no sienta, más bien porque era lo que no quería ni tenía en planes y aun así me deje derrumbar.

No te miento, siempre quise alejarme de ti, pero la fe que te tenía (por no volver a cagármela diciéndote que aun te tengo) me cegaba. Te soy sincero, no quiero perderte, aunque sea lo más sensato y seguro que me debe pasar.  Aun así, aléjate de mí, me arruga el alma al verte pasar y no poder abrazarte. No poder llevarte a la casa que te construí por tu egoísmo y la terquedad que traes. Me hace ser impotente, me hace daño.  Deseo que puedas leer esto con el corazón en la mano sin sentirte pequeño, más bien para que veas lo mucho que le perteneces al mío. Siendo entendido conmigo mismo huyo para salvar lo que me queda, para entender que en la distancia y en el frío puedo seguir siendo fuerte. Vuelvo a dormir solo y te juro que así mismo te voy a extrañar.

Me gusto ser parte de ti, de lo bueno que eres y a la misma vez de tus monstruos. Esos que dejaste que nos vencieran por no luchar contra ellos. Nunca te pedí más, incluso ni que contaras mis pesadillas. Solo que estuvieras las tuyas y que yo estaría contigo para ser de soporte cuando lo necesitaras. No te niego que fue un placer conocerlos y que fueran de ayuda para que sacaran lo débil de mi para que se volviera roca. Le declaré la guerra a tus miedos y a tus olas a la deriba, pero nunca pude levantar completamente las velas para (re)dirigirnos.

Tiemblo por que hoy no estás. Con la única certeza de que esto es pasajero, que esta locura se va a desvanecer en mis mejores recuerdos de ti. Los mismos que quisiera que no fueran como niebla, más bien que se quedaran contigo y conmigo porque me hace pensar en lo bonito que es querer y no me lo puedo esconder. Qué te quiero te digo nuevamente para que se te grabe en tu pecho, pero tengo que salir de ti me lastimas y me dueles.

No puedo seguir, mis enojos no me dejan. Terminé contigo y así mismo mi corazón se hizo mares. Sus latidos vienen y van como las olas, te extrañan. Amé tenerte y compartirte, pero hoy…

Te deseo vidas de sonrisas y de fuerza, y si algún día regresas como quien conocí no dudes en volver. Eres lo que espero.

— Gustavo André

 

No te me lleves la vida.

¿Por dónde empezar cuando el cansancio llega? La energía se agota, así como las ganas de lucharte.

Poco a poco he perdido la órbita por éste tira y hala en que me encuentro por no poder respirar como antes, por no poder vivirte como se pintaba el cuadro.

¿Me quedo contigo pero que parte das tú, que seguridad tengo? No entiendo y me quedo mudo cuando los dedos lo más que quieren es escribirte, ya no es ni el corazón. Está agotado.

El universo sabe que la magia por hacerte feliz y mover la montaña que no te deja ver no se ha ido. Pero me repito, ¿de qué vale?

Soltar no es lo difícil, es la costumbre de no verte y no me refiero a lo físico; te aclaro que es en el alma (dónde más molesta, hiere y lastima). Así como está ahora la historia que se está escribiendo.

Apenas trato de ser quien te respire en la nuca, quien te dice que te tiene fe, que cree en ti hasta cuando yo mismo no me lo menciono. Suena egoísta para mi y lo que soy o se supone que sea pero es así. Víveme en esto que te escribo para que sientas como la luz se apaga y reacciones. Ey, qué duele.

Se vale cansarse como te he dicho, se vale bajar los brazos y más aún cuando la pelea es solo conmigo porque ya ni vuelta te das a la importancia, yo mismo. Ojalá que sea temporero y joder que te digo que no tengo mejor deseo que no sea tenerte. No te me lleves la vida.

Me lastima (siénteme) que el plan se cancele, se desmorone cómo así las ganas de entenderte cuando lo que deseo es descansar(me) de ti. ¿Me estás entiendo, dejaste de ser egoísta por un momento?

Lo que anhelo es que tus abrazos no acaben pero cuando sean de verdad, no cuando toca repetir la escena cínica que hemos estado desenvolviendo y creando cada vez que se aprieta la soga. Cada vez que trata de hacer nudos que no son entendibles pero que siempre logramos deshacer.

El tiempo (se te) acaba. Vuelve en sí, respira conmigo, dame tu mano, sé que podemos. ¿Cómo puede esto acabar? Me niego, me creo que puedo, que podemos. Hasta hoy.

— Gustavo André

Fallé

Me desilusioné y me molesta, me agrede la mente.

Quisiera escribirte tanto pero el nudo que tengo en mis emociones solo me deja decirte que me esperaba más de ti.

Me encariñé con la idea (por no llamarle mentira) de pensar que realmente estuviste preocupado por la temporada que nos ha tocado vivir. Al parecer fallé.

¿Pero sabes? Sigo aquí, sigo pensando que estás y que no has entendido que solo el abrazar en el momento adecuado puede calmar los torrenciales y las altas olas que el océano decidió levantar. Léeme, que te tengo fe; entiéndelo.

En esto te soy claro, te pido perdón si te eché una carga que no te tocaba, si esperé demasiado cuando no podías darlo.

Continúo; no te estoy rogando, te estoy gritando que me veas, que entiendas que no necesito de ti pero a la misma vez necesito tu mano apretando la mía. ¿Un poco contrario a lo que te digo no? Pero mírame.

Ha sido difícil traernos hasta acá y sí, se lo agradezco a quien nos guarda. Aún en el tiempo que nos acarrea sigo diciéndote que dónde me necesites yo estaré y que no espero menos de ti. Por eso te lo dejo saber en estas letras que escribí en la arena.

No me quites esta idea guapa que tengo de ti como, déjame verte.

Quiero conocerte en lo simple y en lo que trae las experiencias de crecer. En la magia, que tú eres mi magia. Ven y no desmayes. Te espero, con tus ojos abiertos y tu abrazo que me equilibra.

— Gustavo André

Sálvame de mi.

Qué el deseo nunca muera, tampoco tus abrazos. Llévame de la mano, quiero ser parte de ti. Acorrálame así como el mar a tus islas. Es tu otoño a quien quiero en mi invierno, tu calor en mis días intensos de frío; mi alma no desea más.

Quiero los amaneceres de largas horas y cuando toque levantarnos que con quien despierte sea con vos. Unámonos en pláticas interminables, así como las noches con velas eternas.

Sálvame de mi, de mis dudas y de mi eterna ambigüedad. Acaba con este locura de no ser quien supongo ser, me tienes hipnotizado. Quiero amarte sin mitades, a plenitud como en los cuentos de finales felices, no quiero fallarte.

Ey, que me estremezco. Tiemblan hasta mis células cuando te me acercas a desnudarme el alma. Así como se te caen las máscaras cuando te hago en mi hogar, en mis brazos. Sé lo débil que eres al momento de entrelazar nuestros dedos aunque sea debajo de la mesa. Para que nadie vea, para que los que no entienden no rumoren.

El océano se hace pequeño y tonto, e inmenso y sin fin al momento de solo ver tu sombra. Esa que me vuelve loco cuando viene con tu aroma, ese perfume que no acaba. Tan natural como el brillo de tus ojos que son estrellas al mirarme.

Acaba conmigo, bésame y termina con la sed que me tiene necesitando de ti. Tengo hábitos de ti y costumbres que no cesan. Arráncame las mejillas a besos.

No pido más, te soy sincero.

— Gustavo André

Te Lucho.

¿Qué nos está pasando?

Tu no escuchas lo que siento y yo bajo los brazos del cansancio. Se me hace fuerte entender las vertientes de este rio que va sin cause.

Pero el antojo que le tengo a cada uno de tus lunares me hacen buscar fuerzas. Solo porque te tengo fe, porque te leo y sé que hay más detrás de tu testarudez.

Muchas veces dentro de este viaje poco paralelo salen las dudas y a la misma vez salen respuestas que cantan distintas melodías. Esas que quieres gritar pero se te hace un nudo en las cuerdas cuando quieres hacerlo. ¿Distintas dije? Sí, pero cada una de ellas te dibujan.

Qué pena amor que caemos en la trampa otra vez. ¿Porqué no nos movemos de una vez? Me preguntaste y tuve miedo, y la misma vez me accidenté con el viento.

Ey, que te estoy entregando la llave de mis ojos que están cerrados. No por temor, más bien para que el universo me sorprenda y para que tú te lleves la primicia y los dos. ¿Entiendes?

Mírame.

Aprendí que todo debajo del cielo tiene su hora y su afán pero la verdad del caso es que siempre llega el momento justo de escapar así como de quedarme. Yo solo quiero sentir que estoy lleno, que me saques las lágrimas de la felicidad con el ruido de tu sonrisa, la que me sonroja. Con esto te susurro al oído que me quedo, que no salgo corriendo hasta que no sea el momento. Te lucho.

Yo no sé que va a pasar pero si de algo estoy seguro es que cuando te pienso se acelera hasta lo imposible. Ay caray, como ahora mismo mi corazón está al escribirte. Esto es cuestión de piel y de tu olor peculiar, lo admito.

Ahora por mi y por ti me encuentro. Sale la fuerza al escribirte, esa que me pides cuando estamos al borde del caos que ni Sabina entiende.

Me llené y sigo caminando hacía a lo que no veo de ti, hacía lo que está. Me revuelvo en este riesgo que me engancha más. Con esperanza, con el saber que hay y vendrá. Sigo aquí hasta que el sol diga apagarse, hasta siempre que tenga vida.

Mis brazos vuelven a agarrarnos, a levantarse así como los tuyos cuando me abrazas, cuando nos abrazamos. Sigue, no te detengas, yo no lo haré.

— Gustavo André